El Gobierno postergó la actualización del impuesto a los combustibles hasta noviembre
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Pese al repunte en ramas exportadoras y financieras, la economía argentina perdió casi 330.000 empleos registrados desde noviembre de 2023.
La reactivación económica impulsada por sectores primarios y financieros no logra traducirse en una recuperación del mercado laboral. De acuerdo con un relevamiento del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Centro RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, ocho de los diez rubros que lideran el crecimiento registraron una menor generación de puestos de trabajo.
El informe detalla una fuerte desconexión entre la actividad y la contratación: mientras que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) acumuló un avance del 5,6% desde noviembre de 2023, se perdieron 329.667 empleos asalariados registrados en el mismo período. El dinamismo responde principalmente al comercio exterior y la explotación de recursos naturales, encabezados por el agro con un alza del 40%, la intermediación financiera con 19% y el sector de minas y canteras con 16%.
Sin embargo, la explotación de minas y canteras redujo 5.200 empleos en el último año, mientras que la intermediación financiera achicó su personal un 3,7%. En el sector agropecuario, la recuperación tras la sequía apenas sumó 1.700 puestos interanuales, dejando un balance conjunto negativo de 3.500 empleos menos entre el agro y la minería durante los últimos doce meses.
En contraste, las ramas orientadas al consumo interno profundizaron su retroceso. La industria manufacturera acumuló una caída de actividad del 8% y concentró la baja de más de 80.000 puestos desde fines de 2023, completando 18 meses consecutivos de retracción. A su vez, el comercio retrocedió un 4% en actividad y redujo su plantilla un 1,9% interanual.
Esta dinámica genera asimetrías geográficas evidentes: provincias con perfil exportador, minero o agropecuario como Santa Fe, Neuquén, Río Negro, Jujuy y Salta presentan un escenario más favorable. Por el contrario, los grandes conglomerados urbanos enfocados en la industria y el mercado doméstico, en particular el Gran Buenos Aires, absorben el mayor impacto del deterioro productivo.