La decisión de mantener congelado en 70.000 pesos el bono extraordinario que perciben los sectores de menores ingresos del sistema previsional neutraliza el efecto de la movilidad mensual. Aunque la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) aplicó en julio un incremento del 2,15% basado en la inflación, la falta de actualización del refuerzo que rige desde marzo provoca que la suba efectiva en el bolsillo sea menor al porcentaje anunciado.
Con el nuevo esquema de actualización por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), la jubilación mínima se ubicó en 411.989,33 pesos. Al sumarse el bono sin modificaciones, el ingreso total de este grupo alcanza los 481.989,33 pesos. Esta dinámica se repite en la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), que quedó en un total de 399.591,46 pesos, y en las Pensiones No Contributivas (PNC) por invalidez y vejez, cuyo cobro final se fijó en 358.392,53 pesos.
La distorsión ocurre porque el bono representa una porción cada vez menor del dinero total que reciben los beneficiarios. Al permanecer inalterable frente a haberes que se ajustan mes a mes, el peso relativo del adicional se licúa, lo que modifica de manera directa el impacto real de los aumentos para los jubilados y pensionados con las escalas más bajas del sistema.